
Proveniente de la zona precolombina, sobretodo de México y norte de América Central, la Chía (Salvia hispánica) es uno de los cereales con mayor cantidad de nutrientes que podemos encontrar en el reino vegetal. Cultivada por los Aztecas y los Mayas era consideraba fundamental a la hora de comer.
La Chía es rica en aceites de las denominadas buenas, con un porcentaje extraordinario, entre el 62 y 64 % de ácido graso alfa-linolénico, ácido graso de la familia de los Omega-3, el cual es fundamental para la prevención de enfermedades cardiovasculares, así como el desarrollo de nuestro sistema nervioso, además de la prevención de ciertos tipos de cáncer.
La semilla de este cereal contiene además un alto porcentaje de fibra dietética, el 38 % de los cuales el 5 % es fibra soluble por lo cual mejora nuestro transito intestinal, disminuye la absorción del colesterol. desarrolla una buena flora intestinal y regula la glucemia postprandial.
Además la chía posee un elevado contenido de antioxidantes como el quercetin, ácido cafeico, ácido clorogénico y kaempferol.
La semilla posee alrededor del 20 % de proteínas y no tiene factores limitantes en una dieta para adultos y se puede mezclar con otras comidas, además no contiene gluten.
Otra de las propiedades de la chía señalan que es rica en diferentes Vitaminas como las del complejo B (niacina, tiamina y ácido fólico) y vitamina A. Posee hierro, magnesio, calcio, zinc, fósforo, cobre y es el muy bajo contenido en sodio que tiene esta semilla.
La mejor forma de consumir este producto es moliendo la semilla, puesto que gracias al alto contenido de fibra no puede ser atacada por las enzimas digestivas. La chía puede mezclarse con cualquier tipo de alimento o bebida puesto que no altera el sabor.
Se puede mezclar la chía a diferentes comidas como salsas, sopas, guisos además de poder incorporarla al desayuno en el yogur y en amasados.